lunes, 16 de mayo de 2016

Aunque pasen millones de años


Si en 1944 se hubiesen conocido los tres posibles finales del Universo y no solo el del colapso térmico, Valentí hubiese actuado de una forma muy distinta al estoicismo exacerbado que cultivó con la única persona que quizá le pudo haber hecho sentir feliz.

Hay razones que trascendía los límites de las leyes físicas que Valentí ponía en práctica en el plan militar soviético en el que trabajaba. Pasaba los días en el laboratorio, sin hacer mucho y sin saber lo que hacía, despotricando lo que parecían versículos de un libro sagrado pero que no eran más que advertencias sobre el inminente fin del mundo que él había calculado solo para dentro de unos millones de años. Nadie lo entendía pero todos lo escuchaban pues tenía ese encanto de los locos que recuperan la cordura en el lecho de muerte.

Las secuelas psicológicas de la guerra le hicieron olvidar el nombre de ella y las razones que le hicieron toparse de frente con su primera oportunidad en Budapest, ciudad por aquel entonces que conservaba sus puentes intactos e ignoraba la manada de lobos que pronto se lanzaría sobre sus rebaños. Valentí también lo ignoraba, y se lamentaría de no haber sabido de la situación en la que se encontraba Europa, pues de haberla sabido podría haber intuido que aquella quizá fuese su única oportunidad y no la habría desperdiciado ni nos hubiese dejado a todos con la intriga de si existen las segundas oportunidades.

Ella se preguntaba por aquel entonces qué demonios iba anotando siempre en su pequeña libreta los días que paseaban por donde un día se alzaría una enorme estatua en honor de él pero que sería despojada de toda honra después. Con Valentí no funcionaba el adoctrinamiento ni el lavado de cerebro que se llevaba a cabo con todo aquél que vivía en su entorno. No entendía nada de lo que ocurría porque no le interesaba, no era un tema que fuese con él. Él no veía enemigos, su único enemigo era el frío.

Sin pena ni gloria pasaron sus días en Budapest, lamentándose de no haber aprovechado aquella oportunidad que como un milagro le fue brindada. Es que en ese momento se ve todo tan distinto. La miraba y pensaba que nada cambiaría nunca, que aquellos puentes serían su sitio de recreo y aquel río el mejor sitio para camuflar las lágrimas, pero nunca las suyas propias, los estoicos no lloran. Y cuando tuvo que ir, su ataraxia se quedó allí en Hungría, con ella, pues es que el sentimiento que le tocó sufrir durante los días que restaron su vida no se lo desearía ni a los lobos contra los que debió luchar después. Caía la noche, y no tenía sueño. No podía dormir, pero solo durmiendo podía dejar pensar y parar de atormentarse.

Así que intentaba dormir de nuevo, pero no podía parar de pensar. Éste círculo vicioso de angustias quizá consecuencia de los excesos de vodka que le acompañaban desde que perdió todo y había dejado pasar la oportunidad de su vida, se hacía más y más intenso a cada minuto que pasaba de la noche, hasta que finalmente caía rendido en la cama cansado de tanto sufrimiento, siendo el despertar su mayor pesadilla por no tener nunca el presente piedad en recordar los errores del pasado.

Nunca había sentido cosa semejante, además de no ser una persona que sintiese mucho. Se sentía encerrado dentro de sí mismo sin poder escapar de una prisión de un dolor que se hacía físico. No había a penas alimento, los periódicos decían que había que guardar recursos, que había que prepararse para algo que Valentí tardaría en comprender, incluso cuando muriese, no podría ver más que esos ojos penetrantes que no necesitaban de más rasgo facial para expresar lo que todo un mundo interior tenía ganas de decir.

Volvía a leer esa pequeña libreta que usaba como máquina del tiempo para poder trasladarse a aquellos cortos instantes en los que fue feliz. Se lamentó de serlo, el precio de la felicidad  es una consecuente tristeza incompensable, un estoico debería de ser capaz de evitarlo, pero ella le hizo olvidar todas las concepciones abstractas y vacías de la filosofía. Cuando leía aquella libreta se trasladaba al único instante en el que fue humano. Tomó la pluma, para anotar el sufrimiento por el que estaba pasando, cuando de repente olvidó como escribir, y en un desmayo soñó que estaba en una laguna de vísceras que  vislumbraban su final. Cuando despertó se dijo que nunca más le ocurriría algo así, mientras comenzaba a ser imposible no entender lo que estaba ocurriendo en Europa.

Empezó a informarse de las noticias, y no tendría problema en reconocer que fue de los que se emocionó con el discurso de aquel líder tirano, que por primera vez parecía más interesado en ser el héroe que el villano. Para él no hubo duda, se hacía eco de las atrocidades que se estaban cometiendo en Europa, del odio antisemita, una palabra qué escuchó en una sinagoga que visitó con ella por el barrio judío de Budapest. Y el símbolo, la estrella, también la reconoció porque era la que ella portaba, y que hasta ese momento no supo que era el significado de tanto odio. No habría ya más oportunidades pensó, no habría nunca más momentos que anotar en su libreta, la cual estaba dispuesto a llenar de su sangre y de la de los demás en la liberación de Hungría inmerso en las filas del Ejército Rojo.

Desde Stalingrado hasta donde llegase, no volvió a sentir esa sensación angustiosa por las noches, pues en la guerra el humo de las bombas y del fuego era tal que el sol siempre estaba tapado y el ruido incesante de la artillería no permitía sentir el silencio y la tranquilidad de una noche fría. Parecía nunca hacerse de día, una noche que duró más de cinco años. Se hizo amigo de la muerte, la veía todos los días, se saludaban pero no se atrevía a suplicarle que por favor nunca lo llevase con ella pues realmente no estaba muy seguro de si quería seguir viviendo. La veía tanto cada día que empezó a plantearse una nueva duda que iría a más y a más en lo que era su lucha contra la angustia y contra las oportunidades únicas.

Desde que empezó su lucha, empezó a familiarizarse con las nuevas caras. Cuando unos morían eran repuestos por otros como meras máquinas que manejaran un fusil, que nunca era sustituido sino que pasaba de unas manos a otras. No olvidaría esa visión de voluntarios partiendo a la lucha sin armas dispuestos a recoger la de aquellos aliados que habían muerto segundos antes delante de ellos. Pero el caso es que ya no quedaba ninguna cara de las que había en un principio. Tan obsesionado en avanzar sin descanso, había olvidado que a veces se hace necesario volver un poco la vista atrás pues quizá lo que buscábamos estuvo ahí desde hacía mucho.

Él era el que más había aguantado aquella cruenta guerra desde que tomó conciencia o como lo llamaban sus contemporáneos, conciencia de clase. Supo que por su parte, el destino le había brindado una nueva oportunidad, y gracias a un pacto con la muerte podría conseguir llegar vivo a Budapest. Pero de nada servía llegar hasta allí si era demasiado tarde. Y la angustia, que parecía haber sido paliada, comenzaba de nuevo, pero ahora era incluso tan intensa como la que sintió el día que predijo el fin del Universo para dentro de solo unos pocos millones de años.

Durante su viaje había escrito en su libreta con la sangre aliada y enemiga, de las que pudo observar que ambas eran del mismo color y que al secarse tomaban un color muy parecido a la tinta que usaba para escribir cuando paseaba con ella por Hungría. Entraron en la ciudad, lo peor estaba por pasar, pero solo de pensar en esa segunda oportunidad que estaba cada vez más cerca y contagiándose de la propaganda liberadora, se sintió como un liberador más de Hungría a los que le habían prometido una estatua en su honor (o incluso tres) sin saber que sería despojada de toda honra.

Miró los puentes que fueron su sitio de recreo y refugio años atrás, destruidos, en llamas, y el río que debería de ahogar todas sus lágrimas solo ahogaba cadáveres putrefactos y cuya sangre había tintado el río del mismo color que las líneas de su libreta. Miró su diario, o lo que quiera que fuesen aquellas líneas, cerró los ojos y dejó de sentir angustia por siempre, pues había algo que trascendía más allá de que aquella sangre del río llevase o no el nombre de ella. Abrió los ojos con la libreta en mano y terminó de escribir las últimas tres líneas antes de arrojarla al río, y sentir como el sol se abría por primera vez en toda su travesía entre el humo de las bombas y el fuego y penetraba en sus ojos como lo hicieron aquellos espejos grises que ella tenía por ojos en su día y en los que cada vez le importaba menos verse reflejado de nuevo, a la par que rescataba su ataraxia de aquel río de vísceras y atrocidad, pues sentía que más allá de las oportunidades perdidas o ganadas hay un sentimiento que prevalece sobre todo lo demás.

Hay algo que me he negado a entender. Pero no me puedo negar a mí mismo cada vez que te veo, ojalá supiese como llegué aquí pero he andado muy ocupado prediciendo el fin del mundo como para centrarme en el presente. Qué ironía que hoy estemos donde precisamente se alzará la estatua en nuestro honor. No merezco tal honor, no he sido más que un loco egoísta. No soy un liberador del pueblo húngaro, solo vine a por ti. Soy egoísta al hacer esto por el mero hecho de recuperar lo que en su día perdí.

No sabes el dolor que me produce la estampa que veo a la entrada de Budapest. No he dormido en estos años, ni he estado despierto. Tomaste todo lo que tenía y en lo que creía a lo largo de este tiempo y lo arrojaste al Danubio junto con nuestras lágrimas, las tuyas por el miedo, las mías por la impotencia. Pero no desesperes, aunque nos arrebaten toda la honra a los que salvamos tu país, aunque estés muerta y jamás leas esto, aunque tu sangre ya esté mezclada con la sangre de los inocentes en el río, aunque estés siendo víctima de la codicia y la insolencia humana, aunque la entropía acabe con todo el orden que nos da la vida, no desesperes. Hay un sentimiento que trasciende más allá de que el Universo termine cuando pasen millones de años, y que está por encima de todo el egoísmo de la gente de mi condición que solo piensa en sus oportunidades.

Las armas podrán acabar contigo.

Las armas podrán acabar conmigo.

Mas las armas no pueden acabar con nosotros.


"En honor y dedicado a todos aquellos que perecieron en la liberación del pueblo húngaro. Porque somos herederos de nuestros antepasados Porque nuestros descendientes lo serán de nosotros
Porque fueron somos.
Porque somos serán.
La lucha por estos ideales siempre será legítima".

miércoles, 11 de mayo de 2016

La superioridad moral

   Desde reciente se percibe una tendencia al sabelotodismo como dirían en los Simpsons, sobre todo entre los jóvenes que empiezan a tomar conciencia del mundo. Un arraigo a unos ideales normalmente de "izquierdas" que les hacen autodefinirse como los buenos, lo cual les crea un sentimiento de superioridad moral sobre las demás personas de derechas. Además el hecho de pertenecer a la izquierda parece que crea cierto morbo en los jóvenes, que les hace sentirse que están en el mismo saco que los que lucharon por los derechos del ciudadano, por la libertad y por la igualdad.
   Pero no se es ni un revolucionario escribiendo en le muro de Facebook, ni en la entrada de un blog, eso hay que tenerlo presente. La conciencia de clase, no es un acto de madurez si no más bien de autodefinición. El problema es que estos jóvenes, por el simple hecho de conocer las atrocidades del sistema, muy bien entendidas en algunos casos, y por el hecho de condenarlas desde no más allá que su mundo, se sienten que están contribuyendo a la solución de los problemas. Y esto les hace sentir unos revolucionarios, y lo que es peor, que están moralmente por encima de cualquier persona que consideren, pertenece al "saco" de los malos.
   Muchos republicanos, antitaurinos, ateos (sobre todo), pero solo en las redes sociales y en su casa. Que por supuesto nada tiene compartir una foto de la tricolor el 14 de Abril, aun cuando reclamar la tercera república con esta bandera conlleva una contradicción en sí misma, el problema es que estos jóvenes crean que así están contribuyendo a la creación del estado republicano (en este ejemplo). La superioridad moral solo se queda en un analfabetismo político, muy contradictorio con la cantidad de información que parecen manejar. Quizá lo sepan todo pero ignoran lo fundamental, cualquier enciclopedia sabe más que todos nosotros, pero el uso de ese conocimiento es lo que define al humano y al revolucionario. En frente del ordenador, no se es parte de la solución por mucho que condenes la crisis de los refugiados y compartas fotos tétricas de niños sirios, y si no eres parte de la solución, eres parte del problema, axioma de todo revolucionario.
   Lo siento deciros a todos aquellos "activistas en las redes sociales", seguís siendo parte del problema, por mucha conciencia que toméis de mundo.



domingo, 7 de febrero de 2016

El imperativo categórico.

   Hay que tomar determinado axioma para empezar el desarrollo de cualquier teorema. Nadie negará que el imperativo categórico de Kant es en estos momentos un principio fundamental de la ética, irrebatible, innegable. Si por otro lado, consideramos que ética y política deben ir unidos inevitablemente, podemos ver que muchos sistemas económicos, sociales o de cualquier tipo, no tiene cabida dentro de lo que hemos considerado como los axiomas de la ética y la política.
   Y es que el sistema en el que vivimos es un claro ejemplo de violación del imperativo categórico, de igual forma que lo es su fase superior, como lo definía Vladimir Ilich. El querer extrapolar el contenido individualista del sistema, acaba por hacerse sostenible, hasta el punto de que recuerda al ejemplo con el que se nos explicaba el imperativo categórico, aquel ladrón que quiere robar pero que no le roben a él.
   Al grado extremo tampoco son admisibles el nacionalsocialismo, pues la exaltación de la raza por todas las razas se hace insostenible por mucho que los que quieren dejar de tremendistas a los que consideramos los campos como la mayor masacre jamás acontecida, quieran hacernos creer que la exaltación de los arios, es incompatible con la exaltación de los no arios por los no arios.
   Solo un sistema honesto, de autosuficiencia, y autosuficiencia entiendase no a nivel de nación, sino al nivel global en la que los pueblos no se roben ni se exploten entre ellos,  puede ser contemplado dentro del marco del imperativo categórico. El comunismo, es el único que ha cumplido y puede cumplir este axioma. Puedes cuestionar el axioma pero nunca que no existe tal porque tal consideración supondría decir que lo real no tiene explicación y por tanto todo es irreal, a la vez que has llegado a una conclusión que tomas como verdadera. El axioma debe existir.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Veinte de Diciembre.

   Me puse como obligado cumplimento cuando inicié esta serie de ensayos, nunca abarcar temas concretos, que era mejor tomar como temas aquellos universales para que una persona de mi notable ignorancia los pueda tratar sin quedar como un idiota pues al fin y al cabo nunca se verá si llevaba razón.
   Pero lo que se avecina el mes que viene puede ser una segunda transición. Pueden ser unos resultados que merezcan ser analizados más allá de unos escrutinios o parándonos a pensar las causas y las consecuencias de los resultados, que es al fin y al cabo lo que día a día hacen los tertulianos repitiendo un discurso tan medido que pierde la esencia del intercambio de ideas. El veinte de diciembre tenemos la oportunidad de hacer historia, de, a pesar de que las personas que compartan mis ideales su visión de democracia diste mucho del voto libre de los gobernantes, usar el único arma que tenemos para dar un paso de gigante para una verdadera democracia que no puede pasar por otra cosa que no sea la toma del poder de los medios y la producción por parte de todos.
   Más allá de compartir un ideal tan abandonado hoy debido a los prejuicios y a las mentiras que al haber sido repetidas cien veces hayan pasado a ser verdad, mi recomendación a todos a los que llegue esto, es que no cometamos los mismos errores. No voy a hacer campaña, no voy a decir a quién se debería votar. Pero si diré a quienes no se debería de votar. No voten a aquellos que les han robado, no voten a aquellos que han creado una educación fascista para educar a sus hijos en valores partidistas, y tampoco voten a aquellos que justifican a los anteriores y que no dudan en tenderles la mano para cambiar la constitución sin preguntar a ustedes, al pueblo.
   Preserven la democracia los que puedan votar.



Cuestionen el axioma.


domingo, 10 de mayo de 2015

Tu Alma Desnuda



   Las historias de espectros quedarían ligadas por siempre al recuerdo de su verdadero y único amor. Aquella campesina, de cabellos desarreglados, vestimenta infantil y que no resaltaba por su belleza precisamente, cautivo a Isaäk el invierno de 1912, cuando se mudó a Moscú en busca de oportunidades inexistentes.
    Isaäk era por aquel entonces, el joven preocupado únicamente por conseguir alimento, y que no concebía un mundo de sensaciones y plenitud en el que sus mayores problemas fuesen intangibles. Pero es que cuando la conoció, tuvo la certeza de estar escribiendo su propia vida, de ser el producto de tantos años de historia en el mundo de los locos, y notó que ya no podía leer sin pensar en ella. Leer los libros que marcarían una revolución. Libros que hablaban de espectros.
    Laryssa era lista, y sabía interpretar las miradas compasivas y las risas sinceras de su vecino, con el que incluso había días que dejaban las labores agrarias para hablar horas y horas. Ella le preguntó, y él, tristemente avergonzado, inexperto en sus sentimientos y con un miedo al rechazo que sobrepasaba todo lo demás, se negó a sí mismo y le hizo creer a Laryssa que entre ellos solo había una fuerte amistad.
    Y siguieron los años siguientes, como si nada hubiese pasado, viviendo la rutina, pasando el hambre de la Rusia zarista que al no poderlo saciar con comida, intentaban conversando distraer los rugidos de los adentros. Isaäk seguía leyendo aquellas páginas y soñaba con que alguna vez se hiciesen realidad, y que el hambre cesase, no pedía una lucha de clases, nadie pedía una lucha de clases, el pueblo ruso pedía pan.
    Cuando parecía que nada podía ir a peor, el asesinato de un hombre desencadenó la posterior masacre de nueve millones de inocentes y valientes combatientes, que engañados fueron a defender a una patria inexistente en la Gran Guerra, en la cual solo habría recompensa para las clases altas de los países vencedores. El pueblo ahora, además de pan, pedía paz. Y a la par que el desastre se desencadenaba, Laryssa conoció por pura casualidad a un aristócrata de la más alta cúpula zarista. Y es que la juventud es muy benévola con algunas personas, y a la niña de cabellos desaliñados, ahora el Dios en el que nadie creía le había otorgado la mirada más dulce con la que uno se pudiese cruzar.
    De no ser porque Isaäk veía salir a aquel hombre de la casa de Laryssa casi a diario, no hubiese sabido de su existencia. Cuando este hombre salía, Laryssa volvía a la choza de Isaäk para hablar de las mismas cosas que llevaban hablando desde que se conocieron hacía ya dos años. Pero él no podía mirarla con los mismos ojos. No podía mirarla con los mismos ojos cuando hablaba con ella y ésta no le refería nada sobre aquel infiltrado en sus vidas. Tampoco podía mirarla con los mismos ojos cuando notaba que los de Laryssa estaban enrojecidos y se tragaban las últimas lágrimas, y aun así no se sinceraba con él para contarle que demonios pasaba. Isaäk sentía rabia, no sabía por qué pero era una rabia incontenible. E Isaäk levantó el lápiz del papel, dejó de escribir su historia y en cuestión de pocos meses ya no se hablaban.
    Ya solo podía pensar en la guerra, en la situación de su país, en el hambre, en las injusticias, en las historias de espectros, en el materialismo histórico, y en la inutilidad de la Gran Guerra, que solo traía muerte al pueblo, y beneficios a los aristócratas. Aristócratas, como aquel señor bien vestido que todos los días pasaba por la casa de Laryssa, vestido de incógnito.
    Solo pensaba en hablar con ella, pero veía inútil luchar por alguien que estaba tan fuera de su alcance. Así que decidió pasar los días solitarios y fríos de invierno refugiado en casa y recolectando el mísero grano que aquellas tierras daban y que a nadie le importaba ya, porque la supervivencia del pueblo ruso se estaba librando en las trincheras. Ya casi la había olvidado, pero a la vez no paraba de pensar en volver a hablar con ella, sintiéndola cada día tan cerca y a la vez tan lejos.
    Sentía un vacío enorme, una soledad concentrada entre aquellas cuatro paredes carcomidas entre las que vivía, cuando un día decidió ir a la ciudad a pedir un poco de limosna por los barrios ricos. La Rusia que veía parecía sacada de una historia de terror, tan decadente, sin ver el Sol en meses, una economía azotada por la Gran Guerra, y calles llenas de seres hambrientos y cadáveres que antes de cadáveres fueron seres hambrientos. Pasó por delante de una catedral ortodoxa, cuyo nombre desconocía y se fijó en que, entre las centenarias piedras lamidas por el tiempo, la nieve se acumulaba hasta el punto más alto del campanario, en el cual, un pájaro de grandes dimensiones había sido sepultado por el frío, congelado, y llegaba a dar la sensación de fosilizado. Absorto, leyó un cartel medio rasgado, pegado en una fachada. En menos de una semana, Isaäk ya participaba activamente en los Soviets.
    Se notaban los aires de revolución. La primera vez que leyó los discursos de aquel extraño hombre junto con sus compañeros del Soviet, quedó hipnotizado. Por fin encontraba alguien que pensaba igual que él, pues los discursos de aquel líder revolucionario, entablaban total similitud con los pensamientos que él forjaba entre sus cuatro paredes leyendo historias de espectros. Se sentía una persona realizada cada vez que se paraba a conversar con sus compañeros sobre el futuro que forjarían, sobre como cambiarían las cosas, sobre el pan y sobre la paz.
    -Lo de Febrero fue una falsa, en Octubre saldremos ahí, sin nada que perder, a terminar con esta inútil guerra que solo nos perjudica a los que damos todo por el todo...
    Después de decir “sin nada que perder” Isaäk no escuchó nada más de lo que dijo su compañero. La imagen de Laryssa le vino a la mente como una aparición divina. Miró a aquellos hombres, empapados en sudor y angustia, bebiendo vodka como si no hubiese mañana. Le dio un buen trago a la botella polvorienta, y salió de aquella reunión sin despedirse. Volvió a casa. Miro la casa de Laryssa. Se la imaginó saliendo y entrando en su casa para hablar toda la tarde y permitirle que se adentrase en sus pensamientos.
    Por su parte sí que había mucho que perder si se lanzaba a aquella revolución y caía en el intento. Pero esto era cosa de dos, y si ella no sentía lo mismo, lamentaría de por vida no haberse precipitado a las calles de Moscú dispuesto a morir. En ese momento, aquel aristócrata salió de la casa de Laryssa, ajustándose la vestimenta, y lanzando una mirada a Isaäk en la que más allá del asco, se intuía compasión. Su lágrima temblorosa se camufló con la nieve fina que se precipitaba sobre los tejados podridos y derrumbados, y entró en casa.
    No tenía duda de qué sentía. Volvía a sentir la rabia contenida que no la poseían ni siquiera los Dioses en los que no creía. Rabia por no haberle respondido la verdad hacía ya cinco años, rabia por haberle negado lo evidente, rabia porque sabía que quizá la perdió para siempre por su idiotez y rabia de que estuviese con una persona con la que él tenía la certeza de que no compartiría ni la mitad de lo que en su día compartieron ellos dos. Era la noche del veintidós de Septiembre de 1917 según el calendario ruso, la fecha señalada se acercaba, y tenía claro que no saldría dispuesto a morir si aún tenía alguna oportunidad remota con ella.
    Tomó el libro de los espectros que tanto solían leer juntos y se dirigió a su casa, con el corazón en el mismo puño que el libro.
    -Dentro de poco los Soviets y todo el pueblo se levanta en armas -dijo Isaäk-.
    -Lo sé.
    -Dime que no tengo nada que perder -y a continuación le tendió el libro-.
    -Isaäk, dime lo que me tengas que decir.
    -No me hagas decir lo que no necesitas que salga de mi boca.
    -Pero si te lo pidiese, ¿me lo dirías?
    Isaäk tornó una mirada de derrota, luego la miró y le dijo lo que ella ya sabía, que nunca la dejó de amar desde que la conoció. Pero por simple orden mundial, ella no le pudo dar el sí, y muy a su pesar, le dio un no por respuesta y afirmó que estaba enamorada de aquel extraño hombre.
    -Pero prométeme -dijo Laryssa entre llantos de compasión- que no irás a morir a esa revolución.
    -Prometido -mintió Isaäk-.
    En secreto, pasó los días que le quedaban escribiendo su última carta y sus últimos deseos. Siempre supo expresar mejor las cosas por escrito.
    Cuando aquel aristócrata entró en casa de Laryssa después de la visita de Isaäk, fue la última vez. Ella sentía una sensación tan desolada, que en lo único que pensaba era en que su vecino no partiese a una revolución que no era otra cosa más que un suicidio. Ese día le dijo a su amante que no podría seguir viéndolo. Y éste con una sonrisa en la cara, tras casi tres años compartiendo cama todos días y jurarle amor, le dijo “al menos fue divertido”, se colocó su sombrero de cuero curtido y salió por la puerta.
    Los días eran una cuenta atrás. Ya no había tiempo de hacer nada. La decisión estaba tomada. Laryssa confiaba en que Isaäk no fuese a cometer aquella estupidez. Pero el día llegó. Era veinticuatro de Octubre de 1917 según el calendario ruso.
    Isaäk tomó la bayoneta y esa misma noche, antes de la madrugada que marcaría un antes y un después en Europa en Rusia y en el mundo entero, se reunió con sus compañeros del Soviet los cuales empezaron a recitar discursos y frases revolucionarias que a cualquiera le hubiesen puesto lo pelos de punta, pero Isaäk no escuchaba, miraba al suelo y veía aquella mirada tan dulce que lo cautivó y a la vez lo despojó de todo interés por vivir en tan solo cinco años.
    Solo había esa noche para hacer historia, era necesario, desenfundaron las armas de campesinos, y se enfrentaron a aquella guardia zarista, cuando sintió un golpe fortísimo en la nuca que lo hizo caer en el suelo. Miró a su agresor, miró al hombre a caballo que lo había golpeado, y reconoció la cara de aquel aristócrata, de tantas veces verlo entrar y salir de la casa de su vecina. Y se arrepintió de no haber creído en Dios pues cuando el extraño hombre que consiguió lo que él nunca pudo tener con Laryssa le empezó a clavar la bayoneta en el pecho, Isaäk experimentó una dicha semejante a la de cuando vio aquel rostro infantil por primera vez, y la volvió a ver reflejada en su mente justo en el momento antes de morir.
    Laryssa tocó en la puerta de su vecino esperando que éste saliese y terminar de una vez ya con toda aquella historia de locos. Lo echaba de menos, desde que la rechazó se había forzado a olvidarle. No lo amaba, pues los sentimientos de Laryssa no cambiaban con facilidad. Sin embargo allí se encontraba esperando a hablar con él. Sabía que la revolución había triunfado, y ahora hablarían por placer y no para saciar el hambre. Pero Isaäk no salía de la casa, y Laryssa advirtió que la puerta no tenía el cerrojo. Entró lentamente, y solo pudo ver que la bayoneta no estaba en su sitio, pero sobre la mesa había una pequeña carta encima del libro de espectros que solían leer juntos.
    Pensamos mucho y sentimos muy poco. He pasado estos últimos cinco años pensando en cual sería el momento oportuno, en por qué te negué aquella vez y en por qué he llegado a esta situación. Era todo mucho más sencillo que todo eso. Esta carta es para ti, no mires a nadie más, sabes que me estoy dirigiendo a ti. Cuando te conocí quizá nadie más que yo se fijó en la belleza que encerrabas, la juventud fue buena contigo, y la sacó en todo su esplendor. Ya te dije que te quería y sé que por aquellos días en los que me negué a mí mismo, tú sentías lo mismo por mí. Todo hubiese sido tan, pero que tan distinto... Yo jamás te hubiese dejado marchar.
    Pero ahora veo que tu amor está con otro, desconozco quién es pero, tengo seguro, que nunca en la vida compartiréis lo que nosotros compartimos. Eres la meta que por mucho que me acerque jamás llegaré a tocar. Y siento sobre todo, ahora que lees esto por primera vez, haber dejado de hablarte, esta es mi disculpa, siento mi soberbia y haber querido quizá, ponerte a prueba. Y siento haber escrito esta carta, pero espero que entiendas el verdadero significado y qué es lo fundamental en ella.
    Qué ironía que te esté hablando a través del tiempo, es muy probable que esté muerto, pero no me importa, pues hacía ya mucho tiempo que había muerto en vida. No tenía nada que perder y me lancé a la revolución, para que gente honrada como tú tenga paz y tenga pan. Mientras escribo esta carta puedo ver tus pensamientos materializados y precipitando sobre mi mente como lo hace la nieve en este instante sobre mi tejado, y espero que entiendas que no hago todo esto para que tengas compasión, y un día volver y pasar el resto de nuestros días juntos. Ojalá fuese tan idílico.
    Espero no caer en tu olvido y que un día leas con quien entonces se divierta contigo, este libro sobre espectros que tanto me recuerda a ti cuando lo leo, y entiendas por qué me lancé a la lucha, primero por ti y luego por mis ideales. Un espectro recorre Europa, el espectro del comunismo.
    Mi corta vida mereció la pena, tan solo, por haberte conocido y por poder haber visto, tu alma desnuda.

miércoles, 15 de abril de 2015

15 - 4 - 15 David vence a Goliath

  Hoy ha sido un gran día. A pesar del desconocimiento justificado que muchos hacen de este tema debido a la falta de información de los medios, el suceso que hoy tuvo lugar merece la pena ser recordado. Es una de esas veces que la moral sube, y se piensa que la lucha obrera, a veces incluso llega a conseguir algo.
  Para ponernos en antecedentes, el gigante Coca-Cola desmantelo el 22 de Enero del año pasado, su planta de Fuenlabrada, una planta que dejaba beneficios millonarios al gigante yankee. El despido de más de 300 empleados, por el simple hecho de que la explotación de mano de obra en China o la India sale mucho más rentable que el trabajo digno. Y comenzó la lucha. Se estableció el campamento por los propios trabajadores, que se negaban a aceptar el despido improcedente de la empresa. Empieza el boicot, muchos simpatizantes dejan de consumir productos de Coca-Cola y a dar su apoyo a la causa y a los obreros.
   Los socialistas no estuvieron allí. Los populares no estuvieron allí. Los únicos que llevaron ayuda al campamento proporcionando lo más importante, difusión en las redes, fueron las asociaciones que muchos llaman de ideas extremas, las asociaciones y partidos comunistas. Y tras más de un año de lucha, de gritos y de palizas recibidas por aquellos que se negaban a salir del campamento, sí, palizas por parte de policías, el ERE se declara nulo, y los trabajadores son readmitidos.
   Y es que hay gente que no entendía,  que decía que por qué ellos se manifestaban, si los despidos improcedentes eran el pan de cada día dentro de muchas empresas. Todos tienen derecho a hacer lo que se hizo en Fuenlabrada, a luchar por unos derechos humanos, lógicos.
   No es solo que se hayan recuperado 300 empleos, muchos bebés, hijos de empleados, han visto nacer sus dientes en el campamento, han dado sus primeros pasos allí. Es la prueba de que la lucha obrera nunca prevalecerá, que como decía el gran Vladimir Ilich Ulianov: "Si no eres parte de la solución, eres parte del problema".
   Eso es lo que se esconde tras esos anuncios tan emotivos de la compañía Coca-Cola. Un nuevo tanto para los obreros, un nuevo paso para la lucha obrera, que algún día triunfará y dejará al espectro mostrarse.


"And the power they took from the people, will return to the people. And so long as these men die liberty will never perish..."   Charles Chaplin - The Great Dictator

miércoles, 11 de febrero de 2015

El axioma

   Las primeras páginas del folleto divulgativo de Einstein. Axioma y Teorema. Como, solo aquellos que se plantean el axioma, solo aquellos que son capaces de ver más allá de teoremas sustentados sobre unas bases lógicas (y el mundo no es lógico), dan un paso de gigante para la sociedad. Nos planteamos los teoremas en la vida política, derechas, izquierdas... Pero si estamos viendo que ninguna funciona, quizá sea de ser razonables (no es necesario ser Einstein) para darse cuenta de que el verdadero problema resida en la conformación de todo, de nuestra concepción de sociedad y la forma que hemos tenido de construirla. A esto sí se le puede llamar cambio radical, que solo use ese adjetivo aquél que sea capaz de plantearse y reformular nuevos axiomas.


   "El universo es un continuo espacio-tiempo, que se deforma, se pliega y se retuerce cual sábana, como consecuencia de la gravedad de todos los cuerpos, incluso de aquellos que no poseen siquiera masa".