jueves, 5 de noviembre de 2015

Veinte de Diciembre.

   Me puse como obligado cumplimento cuando inicié esta serie de ensayos, nunca abarcar temas concretos, que era mejor tomar como temas aquellos universales para que una persona de mi notable ignorancia los pueda tratar sin quedar como un idiota pues al fin y al cabo nunca se verá si llevaba razón.
   Pero lo que se avecina el mes que viene puede ser una segunda transición. Pueden ser unos resultados que merezcan ser analizados más allá de unos escrutinios o parándonos a pensar las causas y las consecuencias de los resultados, que es al fin y al cabo lo que día a día hacen los tertulianos repitiendo un discurso tan medido que pierde la esencia del intercambio de ideas. El veinte de diciembre tenemos la oportunidad de hacer historia, de, a pesar de que las personas que compartan mis ideales su visión de democracia diste mucho del voto libre de los gobernantes, usar el único arma que tenemos para dar un paso de gigante para una verdadera democracia que no puede pasar por otra cosa que no sea la toma del poder de los medios y la producción por parte de todos.
   Más allá de compartir un ideal tan abandonado hoy debido a los prejuicios y a las mentiras que al haber sido repetidas cien veces hayan pasado a ser verdad, mi recomendación a todos a los que llegue esto, es que no cometamos los mismos errores. No voy a hacer campaña, no voy a decir a quién se debería votar. Pero si diré a quienes no se debería de votar. No voten a aquellos que les han robado, no voten a aquellos que han creado una educación fascista para educar a sus hijos en valores partidistas, y tampoco voten a aquellos que justifican a los anteriores y que no dudan en tenderles la mano para cambiar la constitución sin preguntar a ustedes, al pueblo.
   Preserven la democracia los que puedan votar.



Cuestionen el axioma.


domingo, 10 de mayo de 2015

Tu Alma Desnuda



   Las historias de espectros quedarían ligadas por siempre al recuerdo de su verdadero y único amor. Aquella campesina, de cabellos desarreglados, vestimenta infantil y que no resaltaba por su belleza precisamente, cautivo a Isaäk el invierno de 1912, cuando se mudó a Moscú en busca de oportunidades inexistentes.
    Isaäk era por aquel entonces, el joven preocupado únicamente por conseguir alimento, y que no concebía un mundo de sensaciones y plenitud en el que sus mayores problemas fuesen intangibles. Pero es que cuando la conoció, tuvo la certeza de estar escribiendo su propia vida, de ser el producto de tantos años de historia en el mundo de los locos, y notó que ya no podía leer sin pensar en ella. Leer los libros que marcarían una revolución. Libros que hablaban de espectros.
    Laryssa era lista, y sabía interpretar las miradas compasivas y las risas sinceras de su vecino, con el que incluso había días que dejaban las labores agrarias para hablar horas y horas. Ella le preguntó, y él, tristemente avergonzado, inexperto en sus sentimientos y con un miedo al rechazo que sobrepasaba todo lo demás, se negó a sí mismo y le hizo creer a Laryssa que entre ellos solo había una fuerte amistad.
    Y siguieron los años siguientes, como si nada hubiese pasado, viviendo la rutina, pasando el hambre de la Rusia zarista que al no poderlo saciar con comida, intentaban conversando distraer los rugidos de los adentros. Isaäk seguía leyendo aquellas páginas y soñaba con que alguna vez se hiciesen realidad, y que el hambre cesase, no pedía una lucha de clases, nadie pedía una lucha de clases, el pueblo ruso pedía pan.
    Cuando parecía que nada podía ir a peor, el asesinato de un hombre desencadenó la posterior masacre de nueve millones de inocentes y valientes combatientes, que engañados fueron a defender a una patria inexistente en la Gran Guerra, en la cual solo habría recompensa para las clases altas de los países vencedores. El pueblo ahora, además de pan, pedía paz. Y a la par que el desastre se desencadenaba, Laryssa conoció por pura casualidad a un aristócrata de la más alta cúpula zarista. Y es que la juventud es muy benévola con algunas personas, y a la niña de cabellos desaliñados, ahora el Dios en el que nadie creía le había otorgado la mirada más dulce con la que uno se pudiese cruzar.
    De no ser porque Isaäk veía salir a aquel hombre de la casa de Laryssa casi a diario, no hubiese sabido de su existencia. Cuando este hombre salía, Laryssa volvía a la choza de Isaäk para hablar de las mismas cosas que llevaban hablando desde que se conocieron hacía ya dos años. Pero él no podía mirarla con los mismos ojos. No podía mirarla con los mismos ojos cuando hablaba con ella y ésta no le refería nada sobre aquel infiltrado en sus vidas. Tampoco podía mirarla con los mismos ojos cuando notaba que los de Laryssa estaban enrojecidos y se tragaban las últimas lágrimas, y aun así no se sinceraba con él para contarle que demonios pasaba. Isaäk sentía rabia, no sabía por qué pero era una rabia incontenible. E Isaäk levantó el lápiz del papel, dejó de escribir su historia y en cuestión de pocos meses ya no se hablaban.
    Ya solo podía pensar en la guerra, en la situación de su país, en el hambre, en las injusticias, en las historias de espectros, en el materialismo histórico, y en la inutilidad de la Gran Guerra, que solo traía muerte al pueblo, y beneficios a los aristócratas. Aristócratas, como aquel señor bien vestido que todos los días pasaba por la casa de Laryssa, vestido de incógnito.
    Solo pensaba en hablar con ella, pero veía inútil luchar por alguien que estaba tan fuera de su alcance. Así que decidió pasar los días solitarios y fríos de invierno refugiado en casa y recolectando el mísero grano que aquellas tierras daban y que a nadie le importaba ya, porque la supervivencia del pueblo ruso se estaba librando en las trincheras. Ya casi la había olvidado, pero a la vez no paraba de pensar en volver a hablar con ella, sintiéndola cada día tan cerca y a la vez tan lejos.
    Sentía un vacío enorme, una soledad concentrada entre aquellas cuatro paredes carcomidas entre las que vivía, cuando un día decidió ir a la ciudad a pedir un poco de limosna por los barrios ricos. La Rusia que veía parecía sacada de una historia de terror, tan decadente, sin ver el Sol en meses, una economía azotada por la Gran Guerra, y calles llenas de seres hambrientos y cadáveres que antes de cadáveres fueron seres hambrientos. Pasó por delante de una catedral ortodoxa, cuyo nombre desconocía y se fijó en que, entre las centenarias piedras lamidas por el tiempo, la nieve se acumulaba hasta el punto más alto del campanario, en el cual, un pájaro de grandes dimensiones había sido sepultado por el frío, congelado, y llegaba a dar la sensación de fosilizado. Absorto, leyó un cartel medio rasgado, pegado en una fachada. En menos de una semana, Isaäk ya participaba activamente en los Soviets.
    Se notaban los aires de revolución. La primera vez que leyó los discursos de aquel extraño hombre junto con sus compañeros del Soviet, quedó hipnotizado. Por fin encontraba alguien que pensaba igual que él, pues los discursos de aquel líder revolucionario, entablaban total similitud con los pensamientos que él forjaba entre sus cuatro paredes leyendo historias de espectros. Se sentía una persona realizada cada vez que se paraba a conversar con sus compañeros sobre el futuro que forjarían, sobre como cambiarían las cosas, sobre el pan y sobre la paz.
    -Lo de Febrero fue una falsa, en Octubre saldremos ahí, sin nada que perder, a terminar con esta inútil guerra que solo nos perjudica a los que damos todo por el todo...
    Después de decir “sin nada que perder” Isaäk no escuchó nada más de lo que dijo su compañero. La imagen de Laryssa le vino a la mente como una aparición divina. Miró a aquellos hombres, empapados en sudor y angustia, bebiendo vodka como si no hubiese mañana. Le dio un buen trago a la botella polvorienta, y salió de aquella reunión sin despedirse. Volvió a casa. Miro la casa de Laryssa. Se la imaginó saliendo y entrando en su casa para hablar toda la tarde y permitirle que se adentrase en sus pensamientos.
    Por su parte sí que había mucho que perder si se lanzaba a aquella revolución y caía en el intento. Pero esto era cosa de dos, y si ella no sentía lo mismo, lamentaría de por vida no haberse precipitado a las calles de Moscú dispuesto a morir. En ese momento, aquel aristócrata salió de la casa de Laryssa, ajustándose la vestimenta, y lanzando una mirada a Isaäk en la que más allá del asco, se intuía compasión. Su lágrima temblorosa se camufló con la nieve fina que se precipitaba sobre los tejados podridos y derrumbados, y entró en casa.
    No tenía duda de qué sentía. Volvía a sentir la rabia contenida que no la poseían ni siquiera los Dioses en los que no creía. Rabia por no haberle respondido la verdad hacía ya cinco años, rabia por haberle negado lo evidente, rabia porque sabía que quizá la perdió para siempre por su idiotez y rabia de que estuviese con una persona con la que él tenía la certeza de que no compartiría ni la mitad de lo que en su día compartieron ellos dos. Era la noche del veintidós de Septiembre de 1917 según el calendario ruso, la fecha señalada se acercaba, y tenía claro que no saldría dispuesto a morir si aún tenía alguna oportunidad remota con ella.
    Tomó el libro de los espectros que tanto solían leer juntos y se dirigió a su casa, con el corazón en el mismo puño que el libro.
    -Dentro de poco los Soviets y todo el pueblo se levanta en armas -dijo Isaäk-.
    -Lo sé.
    -Dime que no tengo nada que perder -y a continuación le tendió el libro-.
    -Isaäk, dime lo que me tengas que decir.
    -No me hagas decir lo que no necesitas que salga de mi boca.
    -Pero si te lo pidiese, ¿me lo dirías?
    Isaäk tornó una mirada de derrota, luego la miró y le dijo lo que ella ya sabía, que nunca la dejó de amar desde que la conoció. Pero por simple orden mundial, ella no le pudo dar el sí, y muy a su pesar, le dio un no por respuesta y afirmó que estaba enamorada de aquel extraño hombre.
    -Pero prométeme -dijo Laryssa entre llantos de compasión- que no irás a morir a esa revolución.
    -Prometido -mintió Isaäk-.
    En secreto, pasó los días que le quedaban escribiendo su última carta y sus últimos deseos. Siempre supo expresar mejor las cosas por escrito.
    Cuando aquel aristócrata entró en casa de Laryssa después de la visita de Isaäk, fue la última vez. Ella sentía una sensación tan desolada, que en lo único que pensaba era en que su vecino no partiese a una revolución que no era otra cosa más que un suicidio. Ese día le dijo a su amante que no podría seguir viéndolo. Y éste con una sonrisa en la cara, tras casi tres años compartiendo cama todos días y jurarle amor, le dijo “al menos fue divertido”, se colocó su sombrero de cuero curtido y salió por la puerta.
    Los días eran una cuenta atrás. Ya no había tiempo de hacer nada. La decisión estaba tomada. Laryssa confiaba en que Isaäk no fuese a cometer aquella estupidez. Pero el día llegó. Era veinticuatro de Octubre de 1917 según el calendario ruso.
    Isaäk tomó la bayoneta y esa misma noche, antes de la madrugada que marcaría un antes y un después en Europa en Rusia y en el mundo entero, se reunió con sus compañeros del Soviet los cuales empezaron a recitar discursos y frases revolucionarias que a cualquiera le hubiesen puesto lo pelos de punta, pero Isaäk no escuchaba, miraba al suelo y veía aquella mirada tan dulce que lo cautivó y a la vez lo despojó de todo interés por vivir en tan solo cinco años.
    Solo había esa noche para hacer historia, era necesario, desenfundaron las armas de campesinos, y se enfrentaron a aquella guardia zarista, cuando sintió un golpe fortísimo en la nuca que lo hizo caer en el suelo. Miró a su agresor, miró al hombre a caballo que lo había golpeado, y reconoció la cara de aquel aristócrata, de tantas veces verlo entrar y salir de la casa de su vecina. Y se arrepintió de no haber creído en Dios pues cuando el extraño hombre que consiguió lo que él nunca pudo tener con Laryssa le empezó a clavar la bayoneta en el pecho, Isaäk experimentó una dicha semejante a la de cuando vio aquel rostro infantil por primera vez, y la volvió a ver reflejada en su mente justo en el momento antes de morir.
    Laryssa tocó en la puerta de su vecino esperando que éste saliese y terminar de una vez ya con toda aquella historia de locos. Lo echaba de menos, desde que la rechazó se había forzado a olvidarle. No lo amaba, pues los sentimientos de Laryssa no cambiaban con facilidad. Sin embargo allí se encontraba esperando a hablar con él. Sabía que la revolución había triunfado, y ahora hablarían por placer y no para saciar el hambre. Pero Isaäk no salía de la casa, y Laryssa advirtió que la puerta no tenía el cerrojo. Entró lentamente, y solo pudo ver que la bayoneta no estaba en su sitio, pero sobre la mesa había una pequeña carta encima del libro de espectros que solían leer juntos.
    Pensamos mucho y sentimos muy poco. He pasado estos últimos cinco años pensando en cual sería el momento oportuno, en por qué te negué aquella vez y en por qué he llegado a esta situación. Era todo mucho más sencillo que todo eso. Esta carta es para ti, no mires a nadie más, sabes que me estoy dirigiendo a ti. Cuando te conocí quizá nadie más que yo se fijó en la belleza que encerrabas, la juventud fue buena contigo, y la sacó en todo su esplendor. Ya te dije que te quería y sé que por aquellos días en los que me negué a mí mismo, tú sentías lo mismo por mí. Todo hubiese sido tan, pero que tan distinto... Yo jamás te hubiese dejado marchar.
    Pero ahora veo que tu amor está con otro, desconozco quién es pero, tengo seguro, que nunca en la vida compartiréis lo que nosotros compartimos. Eres la meta que por mucho que me acerque jamás llegaré a tocar. Y siento sobre todo, ahora que lees esto por primera vez, haber dejado de hablarte, esta es mi disculpa, siento mi soberbia y haber querido quizá, ponerte a prueba. Y siento haber escrito esta carta, pero espero que entiendas el verdadero significado y qué es lo fundamental en ella.
    Qué ironía que te esté hablando a través del tiempo, es muy probable que esté muerto, pero no me importa, pues hacía ya mucho tiempo que había muerto en vida. No tenía nada que perder y me lancé a la revolución, para que gente honrada como tú tenga paz y tenga pan. Mientras escribo esta carta puedo ver tus pensamientos materializados y precipitando sobre mi mente como lo hace la nieve en este instante sobre mi tejado, y espero que entiendas que no hago todo esto para que tengas compasión, y un día volver y pasar el resto de nuestros días juntos. Ojalá fuese tan idílico.
    Espero no caer en tu olvido y que un día leas con quien entonces se divierta contigo, este libro sobre espectros que tanto me recuerda a ti cuando lo leo, y entiendas por qué me lancé a la lucha, primero por ti y luego por mis ideales. Un espectro recorre Europa, el espectro del comunismo.
    Mi corta vida mereció la pena, tan solo, por haberte conocido y por poder haber visto, tu alma desnuda.

miércoles, 15 de abril de 2015

15 - 4 - 15 David vence a Goliath

  Hoy ha sido un gran día. A pesar del desconocimiento justificado que muchos hacen de este tema debido a la falta de información de los medios, el suceso que hoy tuvo lugar merece la pena ser recordado. Es una de esas veces que la moral sube, y se piensa que la lucha obrera, a veces incluso llega a conseguir algo.
  Para ponernos en antecedentes, el gigante Coca-Cola desmantelo el 22 de Enero del año pasado, su planta de Fuenlabrada, una planta que dejaba beneficios millonarios al gigante yankee. El despido de más de 300 empleados, por el simple hecho de que la explotación de mano de obra en China o la India sale mucho más rentable que el trabajo digno. Y comenzó la lucha. Se estableció el campamento por los propios trabajadores, que se negaban a aceptar el despido improcedente de la empresa. Empieza el boicot, muchos simpatizantes dejan de consumir productos de Coca-Cola y a dar su apoyo a la causa y a los obreros.
   Los socialistas no estuvieron allí. Los populares no estuvieron allí. Los únicos que llevaron ayuda al campamento proporcionando lo más importante, difusión en las redes, fueron las asociaciones que muchos llaman de ideas extremas, las asociaciones y partidos comunistas. Y tras más de un año de lucha, de gritos y de palizas recibidas por aquellos que se negaban a salir del campamento, sí, palizas por parte de policías, el ERE se declara nulo, y los trabajadores son readmitidos.
   Y es que hay gente que no entendía,  que decía que por qué ellos se manifestaban, si los despidos improcedentes eran el pan de cada día dentro de muchas empresas. Todos tienen derecho a hacer lo que se hizo en Fuenlabrada, a luchar por unos derechos humanos, lógicos.
   No es solo que se hayan recuperado 300 empleos, muchos bebés, hijos de empleados, han visto nacer sus dientes en el campamento, han dado sus primeros pasos allí. Es la prueba de que la lucha obrera nunca prevalecerá, que como decía el gran Vladimir Ilich Ulianov: "Si no eres parte de la solución, eres parte del problema".
   Eso es lo que se esconde tras esos anuncios tan emotivos de la compañía Coca-Cola. Un nuevo tanto para los obreros, un nuevo paso para la lucha obrera, que algún día triunfará y dejará al espectro mostrarse.


"And the power they took from the people, will return to the people. And so long as these men die liberty will never perish..."   Charles Chaplin - The Great Dictator

miércoles, 11 de febrero de 2015

El axioma

   Las primeras páginas del folleto divulgativo de Einstein. Axioma y Teorema. Como, solo aquellos que se plantean el axioma, solo aquellos que son capaces de ver más allá de teoremas sustentados sobre unas bases lógicas (y el mundo no es lógico), dan un paso de gigante para la sociedad. Nos planteamos los teoremas en la vida política, derechas, izquierdas... Pero si estamos viendo que ninguna funciona, quizá sea de ser razonables (no es necesario ser Einstein) para darse cuenta de que el verdadero problema resida en la conformación de todo, de nuestra concepción de sociedad y la forma que hemos tenido de construirla. A esto sí se le puede llamar cambio radical, que solo use ese adjetivo aquél que sea capaz de plantearse y reformular nuevos axiomas.


   "El universo es un continuo espacio-tiempo, que se deforma, se pliega y se retuerce cual sábana, como consecuencia de la gravedad de todos los cuerpos, incluso de aquellos que no poseen siquiera masa".

domingo, 1 de febrero de 2015

La verdadera Democracia.

  ¿Por qué aun en los países con la mayor variedad de partidos, el sentimiento del pueblo es que no tiene el poder? ¿Es por tanto que el sentimiento de democracia no es sentido por los votantes? Como queremos sentir que vivimos en democracia, si a día de hoy lo único que hace el pueblo es elegir a sus dictadores cada cuatro años, y a algunos, los que de verdad tienen el control del poder financiero, ni siquiera los podemos elegir, pues eso sería ser un estalinista, que iría en contra de la libertad.
  Mientras los medios de producción, mientras el poder de manejar la economía desde la base, no esté en manos del pueblo, el poder no será del pueblo, y por tanto no podremos estar hablando de democracia, ni siquiera en los países donde más pluralidad de partido haya.



viernes, 30 de enero de 2015

La socialdemocracia

   La socialdemocracia es, ahora mismo, el ideal más contaminado del planeta. Es el optimismo inocente de un niño pequeño al que ya no le queda disculpa de su ignorancia, el ser un infante, pues éste ideal tiene demasiados años ya. Creer que la burguesía cambiará, y dará al pueblo lo que es del pueblo, por muto propio, no hace más que incentivar y alagar a los explotadores del pasado, del presente y probablemente del futuro. Ni un paso atrás, para una lucha de clases, en la que predomine la democracia como concepción de que el pueblo tendrá el control del país, la palabra suficiente no existe. No basta, no nos basta con que los explotadores actuando a través del estado que hemos forjado todos, nos den derechos sociales miserables a cambio del conformismo con la explotación laboral. NOSOTROS hacemos la riqueza, NOSOTROS, hacemos que el propietario pueda pagar la maquinaria, y solo NOSOTROS contribuimos a que la economía progrese, por qué razón debemos de conformarnos.
   La lucha sigue, nunca será suficiente. El poder debe ser de el pueblo, y aquellos que quitaron el poder al pueblo, devolverán el poder al pueblo, pero no por propia iniciativa. Es una lucha larga, pero que tendrá su recompensa.

"Vivirán en libertad en los jardines del Señor"