jueves, 5 de noviembre de 2015

Veinte de Diciembre.

   Me puse como obligado cumplimento cuando inicié esta serie de ensayos, nunca abarcar temas concretos, que era mejor tomar como temas aquellos universales para que una persona de mi notable ignorancia los pueda tratar sin quedar como un idiota pues al fin y al cabo nunca se verá si llevaba razón.
   Pero lo que se avecina el mes que viene puede ser una segunda transición. Pueden ser unos resultados que merezcan ser analizados más allá de unos escrutinios o parándonos a pensar las causas y las consecuencias de los resultados, que es al fin y al cabo lo que día a día hacen los tertulianos repitiendo un discurso tan medido que pierde la esencia del intercambio de ideas. El veinte de diciembre tenemos la oportunidad de hacer historia, de, a pesar de que las personas que compartan mis ideales su visión de democracia diste mucho del voto libre de los gobernantes, usar el único arma que tenemos para dar un paso de gigante para una verdadera democracia que no puede pasar por otra cosa que no sea la toma del poder de los medios y la producción por parte de todos.
   Más allá de compartir un ideal tan abandonado hoy debido a los prejuicios y a las mentiras que al haber sido repetidas cien veces hayan pasado a ser verdad, mi recomendación a todos a los que llegue esto, es que no cometamos los mismos errores. No voy a hacer campaña, no voy a decir a quién se debería votar. Pero si diré a quienes no se debería de votar. No voten a aquellos que les han robado, no voten a aquellos que han creado una educación fascista para educar a sus hijos en valores partidistas, y tampoco voten a aquellos que justifican a los anteriores y que no dudan en tenderles la mano para cambiar la constitución sin preguntar a ustedes, al pueblo.
   Preserven la democracia los que puedan votar.



Cuestionen el axioma.


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